Jueves, 30 de noviembre de 2006
La poes?a es
lo que yo quiero que sea,
y sirve
para lo que yo quiero
que sirva:
si algo me parece injusto
es queja o denuncia;
si algo no me gusta
es cr?tica o reproche;
si estoy enamorada
es sentimiento;
si estoy aburrida
es juego;
si estoy triste
es desesperanza y pesimismo;
si algo me agrada
es alabanza;
si algo me es indiferente
es evasi?n;
y si tengo ganas de ser poeta
es poes?a,
pero si quiero ser alguien com?n
es mi poes?a.

Viernes, 24 de noviembre de 2006
Se busca un amor que sea
extraordinario,
fiel,
cari?oso,
amistoso,
sorprendente.
Que me haga sentir
mariposas en la panza,
nubes bajo mis pies,
sue?os mientras estoy despierta,
el pecho hinchado
de felicidad y orgullo.
Que sea capaz de seguir
enamor?ndome
y sorprendi?ndome
aunque hayan pasado mil a?os,
mil vidas,
o solo un instante.
Y a pesar de todo,
que siga siendo
rutinario,
aburrido,
complejo,
misterioso,
para seguir atrap?ndome en sus redes
y darme ganas de seguir queri?ndolo.
Y aun as?, que nunca pierda el encanto
para volverme loca
de amor y deseo,
y llenarme a la vez de l?grimas y sonrisas.

Viernes, 17 de noviembre de 2006
*
El Surfer Rosa espera la tanda para entrar al agua. Es
la ma?ana y las cosas est?n heladas (no es necesario
tocarlas para saberlo). El sol brilla, los p?jaros heavy
metal cantan. En los videos de surf, los chicos rubios
entran en los tubos, salen de los tubos, giran, cortan
las olas para abajo, cortan las olas para arriba, y saltan
por el aire, para caer del otro lado y esperar la siguiente serie. En La Flecha las cosas son distintas.
Los bodyboarders no pueden deslizarse a trav?s de las
olas conquistadas por los j?venes surfers. Los j?venes
surfers no pueden interferir en el camino fluvial de los
surfers viejos. Los surfers viejos no pueden, pero igual
te cortan con la quilla si no te met?s bien abajo del
agua, lo m?s abajo que puedas. Y de vez en cuando
aparece alg?n lobo marino. No hacen nada, pero dan
miedo. La piel del Surfer Rosa parece mexicana. Helada
su mente, que nada y filtra a contrapelo la espuma
verdosa, y su madera se pierde sola entre las olas
peque?as.

*
El Surfer Rosa mira la versi?n extendida de una pel?cula
de guerra. En especial, la escena donde unos soldados
americanos practican surf para no tener que entrar en combate. ??Quiere surfear soldado?? ??Se?or! ?S?, Se?or!?
?Muy bien, porque puede surfear o pelear?. En la pel?cula,
un helic?ptero dispara m?sica de Wagner para asustar
a los vietnamitas. Los hombres aturdidos son m?s f?ciles
de matar. El Surfer Rosa arma su propia escena: est? a
punto de bajar una ola en el medio de un temporal
marplatense; de fondo, escucha la m?sica de la pel?cula.
Entonces no duda ni un segundo en dejar su madera,
saltar, y someterse a la fuerza centr?fuga de la ola,
incluso a riesgo de quedar enganchado a una piedra del
fondo, y no salir m?s, o aparecer flotando, semanas
despu?s, como un pr?ncipe azul.

*
Par?bola surf: en un primer momento, las olas son las
olas; en un segundo momento, las olas ya no son las olas;
en un tercer momento, las olas vuelven a ser las olas.
Ahora camina bordeando el asilo Unzu?: en la vereda, un
chico le ense?a a pelear a otro. Un cartel dice: Prohibido
fijar carteles
. Pero los graffitis le pegan la nuca contra
la pared: ?Se pete? la barola?, ?Fer te amo (la Karla)?,
?Pauli sos un rey gnomo?, ??Abajo la literatura
almibarada!?. Las ventanas estacadas y las rejas comidas
por el salitre del mar en donde estuvo inmerso hace
un rato. El Surfer Rosa, descalzo, pisa un caracol.

*
Punk is not dead, pero eso no soluciona las cosas. El
gordo Gast?n Leandro copa todos los bares de Mar del
Plata: porque canta los temas que quieren escuchar las
minitas (el Cover: esa da?osa versi?n de la Nada). El
parche del Baterista Grunge dice Chaka y su banda se
llama ?Death to Fat Leandro?. Jaj?. ?No, mentira,
todav?a no se nos ocurri? nada?. Todo bien, gordo, pero
no nos robes la plata del bolsillo. ?Por qu? no compon?s
una canci?n que diga que en invierno no hay guardavidas
y que los chicos miran desde la escollera de la Flecha
c?mo el bajo de Cristo se hunde entre las olas oscuras,
en un d?a antiest?tico?


de Los c?rculos del agua, Mar del Plata, d?rsena3, 2006. Colecci?n El pez de plata.
e-mail: [email protected]

Sed
Entre los c?nticos espectros azulados, vislumbr? la sombr?a ansiedad.
Preocupado por encontrar la postrer salida, hall? la eterna soledad.
Mientras las migajas de seres inh?spitos flagelaban mi ser, yo, saciaba la sed. Perdido entre catacumbas y arenas desiertas, llegu? al Para?so percibiendo la desdicha. Toda la vida sucumbiendo por llegar a ese sitio c?lido y me hab?a encontrado con el vac?o de la muerte. A diferencia de mis sentidos, que ignorantes e excitados por el sabor, acorralaban mi pensamiento. La raz?n inv?lida por aquel acto lentamente me fue despojando, pues la fertilidad descubierta s?lo quedar?a en secreto. Luego, el abismo interior me sentenci? a callar. Para suerte de mi destino y alma errante, la sed se ir?a apagando.
Minerva

Mi?rcoles, 15 de noviembre de 2006

Anhelos...
En ocasiones, la distancia irrecorrible que nos separa de nuestros anhelos no es m?s que de unos segundos o pasos. Aquello que hace un instante estaba junto a nosotros, pasa a estar m?s all? de nuestras posibilidades...Aquello que junto a nuestras manos pas? desapercibido, nos queda separado por toda la eternidad...Luego, ya es el tiempo de la ?imposible aspiraci?n?... Dijo Chesterton: ?Yo siento que hay algo que liga el hombre a la tragedia y que no tiene salida la trampa de la vejez y de la duda?... Por ello, la dif?cil tarea a llevar a cabo con lo anhelado es tomarlo antes del tiempo, es adelantarnos a nosotros mismos y a la sucesi?n, es prever el fantasma brumoso de los deseos y aferrarlo, ?oh, paradoja!, antes de concebirlo.

S?bado, 11 de noviembre de 2006
Pensamiento y acci?n reformista humanidades:
Segundo piso de la facultad.
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Segundo piso de la facultad.
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All? puedes realizar consultas generales sobre la carrera: plan de estudios, correlatividades, oferta de asignaturas, comisiones, horarios de cursada, etc.

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Primer piso de la facultad.
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Mi?rcoles, 08 de noviembre de 2006
CALEIDOSCOPIO

Una gota en la oscuridad retumba con la intensidad de una pisada de elefante.
Son las 5 AM y Vicente oye el paso del gigante en el ba?o de su habitaci?n.
El animal se r?e del hombre que contempla el reloj como anta?o al fuego.
A las 6:30 se consumir? el silencio con su voz chispeante.
El elefante camina mon?tono por estepas hostiles. Sus pasos se hunden en la rejilla del mundo siguiendo el destino de las hojas muertas.
?Cu?l es ese destino?. Vicente viaja sobre el cuadr?pedo por las ca?er?as de su ba?o. El paseo est? lleno de m?sticos abismos que no lo dejan dormir. La pregunta se traga al tiempo con todos sus campanarios. La pregunta es un monstruo que lo aprisiona en mundos que nunca ser?n. Vicente cambia el rumbo. La almohada es arena movediza y ?l busca un oasis; su cama es un caleidoscopio de m?danos inquietos. No logra dormir.
Al fin se decide. Aunque pierda el rumbo ha de matarlo. Matar al elefante exige un esfuerzo sobrehumano. Es necesario elevarse como un dios y bajar un pie al abismo. El abismo es un mosaico fr?o, ?nico pasaje hacia el silencio.
Vicente no quiere. Su nariz le habla de invierno, y su piel es una jaula de papel fin?simo. Pero lo ha decidido.
Con un manotazo aparta la frazada y el mundo estalla.
Corre al ba?o. Agarra la toalla. Envuelve los pies del elefante que agoniza.
R?pido vuelve al calor que abandon? en las s?banas. Al fin est? libre. La mente en blanco. El tic tac susurra las seis veinticinco.

RETORNO

Esconder el cuerpo
en una part?cula de agua

machacarlo para que quepa
en el abismo de la gota

y olvidarlo

sin abandono
ni nostalgia

solo dejar
que
la infancia
se
derrame

l e n t a m e n t e

sobre los escombros
de la piel.



La esquina

se sostiene
en el roce
entre la mariposa y el asfalto

Surge un eco
desde la mano de todos los aullidos
deforme
se eterniza
en el cambio perpetuo

Ha perdido en el camino los harapos
que hilaban su nombre

ahora es una bola
impenetrable
de distancias

El muro aguarda
con un traje arrugado de moho
los ef?meros dedos del sonido

La esquina disimula
jaur?as y tristezas

enjambres de silencios saturan de sal

una melod?a mon?tona y h?meda.


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